Buceando en Almuñécar


Almuñécar en los años 70 ya era un destino turístico de importancia.

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Tengo buenos recuerdos de aquellos años. Buceo en la memoria y me encuentro con 12 años, yendo a la playa con mi madre y mis hermanas. Yo con mis gafas de buceo, mis aletas y mi pincho para coger pulpos. Mi madre con la sombrilla, las toallas y el bolso.

Mi playa de adopción era la de San Cristóbal. Bajábamos sobre el mediodía a la playa tirando por el callejón, desde la Pensión Marina frente al “Cinema Galiardo”, pasábamos por algunas viviendas hasta el cruce con la Callejón del Silencio – junto a lo que hoy es el Parque El Majuelo -, y de ahí el último tirón hasta las casas próximas a la playa. En el camino, hacia el Callejón del Silencio, el ruido característico de “estar partiendo almendras”, clacc, clacc,… Las pagaban mucho mejor en pipa que en cáscara, y luego la cáscara se podía utilizar para quemar en el brasero en los días fríos de invierno.

Nosotros nos poníamos siempre frente al Restaurante Vizcaya, un poco a la derecha. Teníamos sitio fijo, rara vez nos cambiábamos para colocar la sombrilla. El Vizcaya, nos enviaba sus olores desde las chimeneas de la cocina, su olor a moraga, a pulpo asado, a paellas, … se nos abrían las ganas de comer.

Nada más llegar… a ponerme las gafas y a bucear, siempre con destino a la salida del río. En la desembocadura del Río Seco la fábrica de azúcar vertía agua caliente de la molienda de la caña. La propia desembocadura del río y el agua caliente creaban un hábitat especial en el mar, había más vida, los pulpos eran más abundantes y accesibles, las potas más tontas,… era donde mejor me iba para mis capturas. Todos los días “caían” uno o dos pulpos.

Los niños, y los no tan niños, cuando sus padres no estaban cerca, esperaban el paso de los “acarretos” por el callejón con sus mulos cargados de cañas de azúcar para intentar “tirar” de una caña. Bueno, tirar tenía un problema, y es que podías deshacer la carga completa del mulo, y entonces el arriero te podía … matar. Los arrieros tenían un destino fijo, La Fábrica de Azúcar de Aguado próxima a la playa, hoy junto a la casa de estilo mozárabe donde se encuentra la Oficina Municipal de Turismo.

Por el callejón apenas pasaban coches, a lo más una Derbi 49cc, una Mobilette 49cc, algún Seat 600, un motocarro de reparto, o una bicicleta… la vida tenía otro ritmo. El ritmo, el tiempo de playa, lo marcaba el pito de la fábrica o la sirena más bien, que marcaba el cambio de turno. Cuando tocaba sabíamos qué hora era, no había que esperar al reloj de la la torre de la Iglesia, no necesitábamos llevar reloj para ir a la playa.

Si el pitido te cogía en la playa sabías que tardabas quince minutos en llegar a la casa, asar los pulpillos cogidos, poner la mesa … ¡a comer todos!

La temporada de playa la marcaba el calendario de vacaciones escolar, de julio a septiembre, de julio hasta el veranillo de los membrillos a veces. Los membrillos donde mejor sabor tenían era en el mar, tirarlos al agua e ir a recogerlos, luego … mordiscos. Hoy las aguas no están para tirar membrillos, y menos para comerlos sin antes lavarlos con agua bien limpia.

De vuelta de la playa, no te podías abstraer de un olor típico si subías desde la Plaza de los Higuitos hacia La Plaza, era el olor a vino del bar Los Higuitos, de la Bodega, del Bar Mesón Emiliano junto a la Iglesia con el olor a pulpo seco, a pulpo asado. Después de recibir estos olores, no te hacía falta Quina San Clemente para abrir el apetito, … ¡ya tenías hambre!

Hoy, en mi paseo diario de vacaciones, de San Cristóbal a la Playa del Pozuelo, recordaba aquellos años de mi niñez, y es porque “no veo ambiente”… hay gente, hay turistas, pero no lo mismo que hace pocos años. La ciudad ha mejorado bastante, los nuevos aparcamientos públicos en las playas más importantes después de más de tres años de obras, el nuevo Paseo del Altillo, la remodelación del Paseo Marítimo de San Cristóbal a Velilla, el puntalón de Velilla para proteger la playa, etc…

Playa de la Caletilla, 5 de febrero de 2.011Playa de la Caletilla

Paseo de Playa Velilla 5feb.2011   Paseo de Playa Velilla

Vista de Los Peñones desde Bajos de Paseo del Altillo    El Paseo y al fondo los peñones

Podéis ver fotos recientes hechas con el teléfono móvil en  http://www.flickr.com/photos/63433458@N07/

Si sigo buceando en mi memoria, vuelvo a las historias de moriscos, a los secretos, a la Cueva de Siete Palacios, historias y leyendas que llenaban de misterio las conversaciones de niños.

¿Os acordáis del que había junto al Racó Valenciá? … Allí, al final de la rampa de acceso a los aparcamientos de la Playa del Paseo, junto a La Caña.

Ya no buceo en el mar, sólo guardo recuerdos y buceo en mi memoria.

Hasta pronto.

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Acerca de Francisco Fernández Reguero

Economista, analista independiente, consultor de negocio, especialista en distribución alimentaria.
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