La clase política y el endeudamiento público


La clase política en general parece tener valores de “casta”, de pertenencia a un grupo especial donde se obtienen condiciones de vida, de relación con la sociedad y un marco legal distinto al resto de los ciudadanos. La RAE en su acepción 2ª y 3ª define casta como:
  • 2. f. En la India, grupo social de una unidad étnica mayor que se diferencia por su rango, que impone la endogamia y donde la pertenencia es un derecho de nacimiento.
  • 3. f. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.
Es desde estos puntos de vista subrayados desde los que considero sus valores de casta. Ante cualquier ataque a su condiciones de vida como casta se ponen de acuerdo inmediatamente, aunque tengan ideologías políticas distintas. Una cosa es la ideología y otra de rango superior es la defensa de su casta, de su esencia, de su ser. Por ello cuando ven peligrar su estatus se ponen de acuerdo para subir sus sueldos, para mantener cargos sin sentido o duplicados en distintos órganos de poder (entes, sociedades estatales, comunidades, diputaciones, cabildos, senado,…), o para mantener sus prerrogativas en el ámbito procesal, etc…
Por lo que se ve, la amenaza que sienten como casta no debe ser aún lo suficientemente importante para no lograr un acuerdo de “gobierno de concentración”, no ven la cuerda suficientemente tensa con la crisis económica que nos azota para trabajar todos en la misma dirección.
Los políticos creen que están por encima del bien y del mal, pensando que esto no lo han creado ellos mismos, sino que han sido otros, unos seres malvados que engendra el propio sistema capitalista y de los que nos tenemos que apartar. Piensan que la crisis, la falta de ingresos, es pasajera y que por tanto no tienen por qué variar su forma de vida, sus muestras de poder.
La Deuda Pública de España, y en general la de la Zona EU-12 no ha dejado  de crecer en los últimos 15 años en valor nominal, no hubo nunca amortización financiera real de la deuda pública.

( Deuda Pública en términos PDE )

El país que menos aumentó su Deuda Pública fue Bélgica con +1,3% de tasa de crecimiento, aunque su importe era reducido en comparación con los valores alcanzados por Francia con el +5,9%, Italia con el +3,7% o Alemania con el +4,5%. Alemania e Italia a finales de 2010 casi superaban con el valor nominal de su Deuda al PIB español (1.062 millones de euros).

¿Conocéis algún país que publique su plan de amortización de Deuda al aprobar sus Presupuestos?
Nuestros dirigentes políticos han llegado a asumir que es algo que no hay que pagar, sino que de lo que se trata es de renovar el préstamo continuamente, ya que tienen en su mano el instrumento legal para poner en circulación nuevo dinero (no hace falta ni “imprimir papel”) al no ser necesario el respaldo del oro u otro activo. La moneda, el billete, no deja de ser un trozo de papel al que hemos conferido por acuerdo la capacidad de pago en las transacciones comerciales.
Los políticos llegaron a un acuerdo de limitación de su Deuda viva (en Zona EU el 60%), y en lugar de referenciarla respecto a su capacidad de pago por su generación de caja (saldo primario) lo hicieron respecto al PIB. Respecto del PIB les daba más cancha para gastar, hasta que “llenaron el vaso” con sus primeras limitaciones. Hay que tener en cuenta que la Deuda nace de los déficits sucesivos de la Administraciones Públicas, y que éstos son fruto de gastar más de lo que se ingresa. De modo que el endeudamiento no es más que el reflejo de los impuestos no recaudados en tiempo.
¿Qué lleva a un político a gastar más que ingresa continuamente? Sólo se me ocurre un motivo, el poder, ganar elecciones y para ello no hay nada más que “tener a la gente contenta”. ¡qué bonito! ¡qué AVE! ¡qué carreteras! ¡qué hospitales! ¡qué aeropuertos! … ¡qué bien el PER! ¡qué bien lo público!… Muchos ciudadanos creen que habían conquistado un buen estado de bienestar público y privado, pero no es tal ¡¡¡es prestado!!!, y cuanto firmas un préstamo lo tienes que pagar con tu esfuerzo, con tu beneficio. Lo que no has pagado no es tuyo, aunque tengas su posesión o el derecho de uso y disfrute. Las deudas privadas sólo se pagan con trabajo y esfuerzo, y la Deuda Pública la deberían pagar los ciudadanos con la exacción de impuestos.
Para completar el circuito y seguir derrochando sin que el órgano “independiente” creado por ellos mismos (el Banco Central Europeo) les ponga trabas organizan una financiación de sus respectivos estados de forma indirecta. El Banco Central presta dinero a las entidades financieras a un coste ínfimo, para que éstas utilicen en parte esos fondos en financiar los déficits de los propios estados. El Banco Central no asume el riesgo de impago y lo traslada al sector privado. Claro, a la hora de prestar dinero las entidades financieras y otros inversores valoran el riesgo de su inversión, exigen una prima de riesgo, o cambian su inversión a otro país o a la economía privada si les ofrece mejor garantía de devolución.
¿Os imagináis al BCE prestando directamente a los distintos Estados? ¿A quién da más? ¿Da más a quien más pide? No tiene sentido una Europa unida en la moneda (política monetaria) y no en su política fiscal.
Parte del problema viene de las políticas de Gasto de los distintos países y su financiación. Lo fácil es crecer sin esfuerzo, mucha liquidez en el sistema, bajas tasas de interés, lo que propicia malas inversiones y gastos superfluos. Esto se ha dado tanto en el sector público como en el privado, con carreteras que no van a ningún sitio, aeropuertos sin tráfico, líneas de AVE sin sentido, duplicidad de administraciones y cargos públicos, o el “to er mundo e güeno” para darle un préstamo para adquirir una vivienda, para irse  de vacaciones a Cancún y para comprarse un buen coche… y mejor las tres cosas juntas en el mismo préstamo. No hubiésemos tenido burbuja inmobiliaria si el sistema no hubiese sido inundado de dinero fácil y nuestro Banco de España hubiese cumplido con su cometido.
El crecimiento debe ser sostenible, proveniente de una inversión rentable y no de un mero gasto puntual por necesidades perentorias del político de turno. Os imagináis que la inversión pública que destinó España a simple “derroche” se hubiese destinado a fomentar una inversión productiva, a fomentar una educación de calidad como palanca de crecimiento futuro, unas buenas líneas de transporte por ferrocarril para trasladar nuestra producción, al desarrollo de nuevas tecnologías (el I+D+I), a una buena atención de nuestra tercera edad (¡ojo! con nuestra pirámide de población invertida) creadora de puestos de trabajo estables,… Pero invertir en estas áreas desde los público no significa derrochar ¿por qué la enseñanza pública es más cara que la privada? ¿no tienen descuentos de volumen? ¿no son más eficientes en su cadena de valor? ¿por qué un hospital público con gestión privada es un 20%-25% más económico?
Bueno, en España nuestros políticos de turno pensaron que su Gasto debía incidir en otro tipo de áreas: potenciar la estructura descentralizada de la administración pública (la evolución del ratio “número de habitantes/número de funcionarios” de los últimos 28 años producto de la descentralización: la población creció a una tasa CAGR del 0,77% y los funcionarios al 1,43%, si se hubiese mantenido la tasa crecimiento de la población habría 300.000 funcionarios menos), potenciar los órganos de decisión y poder para tener “colocados” a todos los que le auparon (España tiene 300.000 políticos más que Alemania, teniendo Alemania el doble de población), todo el mundo tienen derecho a una pensión de subsistencia aunque no tenga ganas de trabajar (nace el PER en Andalucía),… En fin, propiciar un estado de todo lo tenemos, todo está en nuestra mano ¡qué buenos son nuestros políticos!
¿Cuándo veremos una verdadera unión de nuestros políticos? Con gobierno de concentración, de consenso, o como sea… ¡Hay que coger el toro por los cuernos!



Francisco Fernández Reguero
http://about.me/FranciscoFernandezReguero 
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Acerca de Francisco Fernández Reguero

Economista, analista independiente, consultor de negocio, especialista en distribución alimentaria.
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